quarta-feira, 6 de abril de 2011

1!

Hoje.
Hoje, há um ano, começava o maior começo de todos. O que, virando tudo do avesso, pincelava de alegria e surpresa cada nova velha coisa; o que, se inaugurando, inaugurava por completo também todo o resto.

Benjamín.

Obrigada pelo teu crescer, pelo teu sorrir, pelo teu chorar. Obrigada pelo dia a dia que se transforma e que transmuta. Obrigada pelos gestos que hesitantes se desvelam; pelos sons, pelos cheiros, pelos sabores. Pela textura da tua pele, pelo futuro que se esconde em cada dobra, pelo olhar mágico de quem descobre. Obrigada por me fazer tua mãe, e assim me fazer eu mesma.

Agradeço, Benjamín, meu filho, pelo milagre de você ser você, bem do jeitinho que é. Por me fazer perceber que o amor tem infinitas maneiras de se manifestar, e que ele é sempre (e desde antes) muito maior do que si próprio.

Parabéns pelo primeiro aniversário da tua vida!

terça-feira, 22 de março de 2011



E porque a mamãe anda longe longe das teclas, papai resolveu acabar com o silêncio e contar. Pros que gostam de treinar espanhol, bom proveito... Pros que não, um dia eu prometo que volto e escrevo no mais português dos portugueses.



NO ES NO.
Benjamín casi desde que se hizo dueño de sus movimientos comenzó a hacer un NO con la cabeza. Negación de negaciones, era su gesto más digno y más verdadero. No, que nos arrancaba carcajadas. Y yo, repleto de mis viejas seguridades me lo imaginaba un ser lleno de tantas verdades, lleno de tantas certezas, capaz desde ya (¿cómo así?) de saber decirle no al mundo. Su no le aseguraba también en la platea, un público de miradas y elogios que a todo niño le parecen el comienzo y fin de este mundo, acostumbrándolos desde ya, a enaltecer en el hombre (léase también mujeres) el suceso a través de sus más simples actos. Así “almamos” al ego para sus próximos pasos, y vamos construyendo la principal peor arma para participar de esta sociedad de grandes espectáculos circenses. Dígase también de ridículos y de baja calidad, muchas veces.
El no del Benja era leve, acompañado de una sonrisa que delataba su ingenuidad ante su gesto. No era un no seco, si no una serie de ejercicios cíclicos que además de la sonrisa, le movían los cabellos, las manitas extendidas en abrazo, el cuello y los hombros. No habría como no divertirse con el gesto. Lo repetía y aún repite. Siendo así lo usaba para evitar que le diéramos más comida; a lo que nosotros, inconscientes del no, nos deteníamos.
Pero no es no donde quiera que se vea. Un no detiene el mundo a su alrededor aunque sea unos pocos instantes y confiere desde pequeñitos el poder de detener todo cuanto pasa.
De mis viejas seguridades, el no siempre pierde para el sí. Y además, hace tiempo prefiero privadas sociedades circenses y sutiles espectáculos minimalistas, a intentar convencer grandes masas; que se diga, fáciles de engañar con ademanes y farsas.
Hoy Benjamín aprendió a decir sí.
Ps. Aunque este blog lo haya omitido por cuestiones de tiempo, hace cerca de dos meses que Barbapapá es quien cuida full time del Benja. TODO UN PLACER BENJUKI!

segunda-feira, 28 de fevereiro de 2011

Primer texto para Benjamín, del papá

Y ahí estás Benjamín ya casi caminando – porque andar ya andas - de  manos agarrado al mundo: mundo que es sofá, silla giratoria, el estante con los discos compactos. Mundo que es mi ropa, los drelos que halas, mis manos. Sentando; te impulsas: con todo ese esfuerzo sería posible arrancar continentes, desviar ríos de su cauce. Te pones de pie y sonríes. Sonrisa sería el océano,  eso dispensa palabras. Casi cuatro tus dientes, arriba todavía hay uno que duele, medio tímido que se suma a tu sonrisa. Lo especial de verte crecer es aprender el mundo cada día, como si fuera ese diente que crece dentro de tu sonrisa, medio tímido, que aún duele. Eso habrías de vivirlo para entenderlo, ni yo mismo lo entiendo si lo leo: hay que vivirlo, vivirte. Y antes de la sonrisa y los dientes, una palabreo inconfundible de quien ya entiende, de quien ya sabe lo que quiere, con los brazos abiertos de querer el universo. Y hay luz porque la nombras. Cielo porque lo esperas. Y cuando algo distante te despierta atención, lo busca tu mirada, después aquella mano al cielo, un ímpetu enorme, los pies y los brazos combinados; te desplazas. Todavía te arrastras – dando vueltas ­– girando sobre la barriga, luego la espalda. Parece – y hasta lo comento – nunca necesitarás gatear. Gatear es cosa de gatos, gatos son bichos muy inteligentes, las conclusiones son obvias, las cosas obvias mejor ni mencionarlas. Entonces mejor hablarte del mar, aquella masa de agua que de pronto te abrazó delicada. La sorpresa fue percibir que naciste para adorarlo, sin mucho alarde, idolatrarlo. Así como las personas para sonreírte y los árboles para cuidarte. No escucho el llanto que hiere, hasta en eso logras cautivarme, aunque confieso que las noches son mejor en silencio, cuando sueñas con aquellos lugares que conoces. Lugares que existen porque existes. Lugares son lugares; sin ti, NADA.  Pero había que alimentarte toda hora, hacerlo lo más similar al ejemplo. Ejemplo es aquello que se aprende con el alma: ejemplo tu madre y ejemplo tus ansías. Porque tus gestos eran suaves, tus sonrisa increíble, tu mirada un arrojo, el carácter ya el mismo de los próximos años, como si supieras todo y ahora yo quien me iniciaba. Alargas tu mano buscando un deseo, hecho de paño, de plástico, de gesto. Y cada detalle es infinito: la máscara en la sala, la rama del árbol, la hormiga que escapa, el ave que se dibuja en tu ventana.
Entonces los días son pedacitos sueltos de instantes y futuro: despiertas, sollozas, hay caca, qué ropa ponerte, hacerte una foto, salir a pasear, horario de mamar, volviste a cagar, cuál ropa ponerte, jugar con tus dedos, con los pies, con los besos, es largo el cansancio, hacerte dormir, llorar sin paciencia, aprender a vivir, llamar a los viejos, tratar de almorzar, despiertas de nuevo, la lluvia allá afuera, el sol que se pone, un baño caliente, volverte a vestir, ahora los sueños habrán de venir.
Un día de lluvia, gran bendición lleva agua, nos fuimos los tres a caminar. Estuvimos tranquilos sin saber cómo habría de ser. Me compré unos zapatos que ya no están más. Creo que tuve tiempo de imaginar que la vida iba a cambiar. Esa noche, lloré.

quarta-feira, 23 de fevereiro de 2011

O primeiro texto de Benjamin

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domingo, 13 de fevereiro de 2011

A volta – curtas

Eis que, depois de cumpridas as tarefas internáuticas, resolvo dar uma passada aqui no leite e prosa e vejo o numerozinho lá embaixo: 10015. Tudo isso de visitas e eu, terrível anfitriã, nem pra perceber que as 10000 se acercavam. Completo abandono.

E não é falta de assunto, porque muito aconteceu enquanto durou o silêncio:

***

Demis e eu completamos cinco anos de conhecença. Cinco anos desde aquele dia em que o vi sentado, falando, e pensei: cara interessante. E quando ele se levantou: ah, mas é muito baixinho. ã-hã.

***

Fiz aniversário. Meu primeiro depois de mãe. 30.

***

Demis viajou. Fiquei seis dias sozinha com o Benjamín. Sobrevivemos.


***

Voltei a trabalhar. Quer dizer, voltei outra vez, porque tem sido uma volta em etapas. Cada uma mais difícil que a outra. Dificuldades que se sobrepõem, sem que a anterior tenha se resolvido.
Dureza.

***

Será que falo de cada um desses assuntos com a devida dedicação nos próximos dias, ou fica pra próxima vez que eu e o Demis fizermos cinco anos de conhecença?

***

Descobri.
O problema não é que passa rápido.
O problema é que passa.

quarta-feira, 26 de janeiro de 2011

O maior culpado

Chama-se Pornopopéia o maior responsável pelo meu sumiço absoluto destas linhas que vos escrevem. Um calhamaço muito provavelmente inapropriado para menores de idade, daqueles gostosos de se carregar pra cima e pra baixo quando acontece da gente grudar num livro sem conseguir largar até terminar. E quando termina, não consegue evitar pensamentos do tipo do “o que vai ser de mim agora”. Um puta livro, enfim, sem o perdão da palavra, porque se você tem alguma pretensão de mergulhar nas épicas horas do herói sem nenhum heroísmo ou caráter, puta é das mais leves que você vai encontrar.

Já faz mais de uma semana que aquelas páginas me abandonaram e insistiram, teimosas, em terminar, mas o vazio literário continua. Possivelmente intencional, depois daquela avalanche barroca de instantes dos quais fica impossível se desvencilhar. Pergunte a quem tentou falar comigo enquanto eu lia, gargalhando, e se irritou quando eu simplesmente não escutava me chamarem.

Tirando, obviamente, Benjamín, que me fazia fechar o livro sem tanta pena. (É recomendável ler o livro de Reinaldo Moraes concomitante às horas de sono do rebento, pois que se trata de dois entes, o rebento e o livro, que exigem plena atenção.)

Benjamín, que agora fala buuuuu apontando pra luz e auau pra toda e qualquer criatura viva não humana que se mova (borboleta, cavalo, pássaro e até cachorro), e emite os mais deliciosos e poéticos sons cujo sentido vamos existindo juntos.

E borboleta, cavalo, pássaro e cachorro significam que estivemos no sítio alguns maravilhosos dias, que nos deixaram com a vontade-semente de oferecer pro nosso amado sorridente mais amplidão cotidiana. Não é?

terça-feira, 11 de janeiro de 2011

A greve

O fato

E num nem tão belo desses dias, na véspera de completar seus 9 meses, meu filho resolveu que não queria mamar.
Chorava ao nos aproximarmos do nosso cantinho das mamadas e mais ainda ao ver meu peito, me olhava com cara de desespero, berrava se eu insistia.

Eu

Um lixo.
Só queria chorar.
Sentindo a rejeição na carne, como se tivesse tomado o pior fora da vida.
Perdida, sem saber o que fazer com todos os horários do dia, da vida, organizados todos em torno das saudosas mamadas.
Perplexa: o desmame não era pra ser difícil pra ele? Não era eu quem tomava
tão árdua decisão?
Conjecturas

Ele cresceu, e não quer mais o aconchego do peito.
Como um novo nascimento, que caberia a mim autenticar, abrindo os braços vazios repletos de dor pra que sua voz se fizesse voz justamente através da minha escuta.
Porque os braços se abrem para abraçar, mas também para deixar ir.

(Mas havia algo de errado nisso, e não era só o dolorido da dor.
Havia algo outro.)

Efeitos

Primeiro, urgiu reinventar meu amor. Porque percebi, num susto, que eu via o amamentar como a única coisa que só eu poderia fazer por meu filho. E num disparate completamente lógico que só a maternidade pode proporcionar, era amamentando (eu achava) que eu me fazia mãe.
Então me vi, agudamente, órfã de mim mesma na nossa junteza. E me agarrei a ele como se tivesse que o reconquistar. Inventei novas brincadeiras, inflei cada minuto de uma necessidade extrema de me fazer presente, e eu era como um copo cheio de dor que transbordava no entanto em alegria.

Ignorãças

Num rompante de inconformidade com o que estava acontecendo, fui pela enésima vez consultar o Dr. Google. E com a mudança de uma palavra na busca, apareceu uma página que dizia:

É importante que a mãe não confunda o auto-desmame natural com a chamada “greve de amamentação” do bebê. Esta ocorre principalmente em crianças menores de um ano, é de início súbito e inesperado, a criança parece insatisfeita e em geral é possível identificar uma causa: doença, dentição, diminuição do volume ou sabor do leite, estresse e excesso de mamadeira ou chupeta. Essa condição usualmente não dura mais que 2-4 dias.

E outra, com respeito a possíveis causas da tal da greve:

Evento traumático repentino – o mais comum é mãe gritando quando o bebê morde o peito, o que é algo comum e compreensível de acontecer.

E, iluminada, feliz, esperançosa, olhei pro meu peito machucado das mordidas numa compreensão simples e apaziguadora.
E, disposta, li na Lia o que fazer com as mordidas que eu não queria mais levar. Muito, muito agradecida.

Desfecho

Benjamín está mamando deliciosa e maravilhosamente bem.
Nunca mais me mordeu.
E continuaremos vivendo felizes para sempre, até o próximo percalço.
Ufa.

quinta-feira, 23 de dezembro de 2010

2010

Olho pra esses números aí em cima e pra página branca e de repente voltei à carteira da sala de aula de algum dos meus primeiros anos de escola, quando em idade era mais próxima de meu filho que de mim mesma hoje. Mais precisamente à pergunta que a professora nos tinha proposto: o que você estará fazendo no ano 2000?

Do recolhido do vasto dos meus sonhos anteriores, toda a inocência de quem tem um universo pra inventar como futuro. Escritora, médica, mãe, esposa... namorada, astronauta, motorista de um carro qualquer, universitária... Adulta!

E já se passaram dez anos do ano que significava pra mim o futuro. Estou no futuro do meu futuro de criança!, e ele incrivelmente me parece tão presente, tão natural e simples, que chego a me sentir em dívida com aquela que, lápis na boca, olhando pro teto da classe, via tanta magia nos dias vindouros. Por mais que os atuais tenham pinceladas de cada uma das possibilidades que eu me sonhava.

E aí... Olho pro meu filho. Ele dorme, ou ele brinca, ou ele se arrasta feito cobrinha pelo chão da casa. Ele sorri, ele gargalha, e o significado de cada coisa que me tornei é sublinhado na melodia que irrompeu da pausa do som de sua felicidade, ali no fôlego necessário pra   que a próxima gargalhada aconteça.

(É necessário apenas um instante pra dar sentido a toda uma vida.)

E 2010, o futuro do futuro, passou.

Foi o ano em que me tornei mãe. O ano em que comecei a sonhar os sonhos de outro futuro. Através do gesto de olhar, e de amar, e de, mirando o possível do impossível, ir ao mesmo tempo pros próximos tempos e pro meu tempo que já foi, com absoluta gratidão a cada um dos segundos que, do agora, se organizam no caminho que converge ao que sou.

E então posso sorrir pra menina que escrevia do futuro longínquo no caderno.

terça-feira, 21 de dezembro de 2010

Crianças

Parece que agora sou um pouco mãe de cada criança que vejo. Adivinho a idade, admiro os olhozinhos perturbados de tanta curiosidade inocente, derreto na baba que cai do sorriso envergonhado. Percebo se tem sono, se está com calor. Acho em mim, no mesmo amor que sou e dou a meu filho (e recebo), o amor possível em todo encontro que meus olhos me regalam com qualquer criança do mundo.

Porque mãe vive de amor infinito. De tanto, não cabe só no filho e se derrama espalhado em cada gesto de quem descobre mundo instante a instante.

sexta-feira, 17 de dezembro de 2010

Movimento Sanguenozóio

Indignação é palavra pouca pra tamanha revolta. Como?, eu me pergunto desde o cerne do não saber que dá à luz as perguntas mais legítimas, as dúvidas mais inconformes. Como parlamentares podem, eles mesmos, decidir que seus próprios salários têm que ser maiores? Baseados em quê? Se professores têm que fazer greves para reivindicar justíssimos aumentos, e mesmo assim não costumam ser atendidos? Se policiais seguem ganhando suas misérias? Se na saúde há falta de profissionais? Se o salário mínimo não dá pro mínimo?
Como?, me pergunto ainda, em perplexidade sempre maior.

Isso me parece a institucionalização daquelas regalias que antes eram feitas às escondidas. E a certeza de que os parlamentares vêm na população que os elegeu um bando de ignorante desarticulado que, se bobear, semana que vem já esqueceu do salário que, mensalmente, vai cair na conta de cada um deles muito, muito maior.

Não.

Mari, Kah, me junto a vocês nesse Movimento Sanguenozóio da futura ONG Mães em Fúria. Porque blog materno é pra falar dos filhos e também pra não permitir que façam tamanha bizarrice no mundo que queremos pra eles. Ou pelo menos deixar registrado através de todo barulho que só mães revoltadas são capazes de fazer que somos contra e que cada um dos que votaram sim não são exemplos a serem seguidos.



Abaixo-assinado aqui.



quarta-feira, 15 de dezembro de 2010

Homem do chão

Eu andava e meu não pensar dizia que o único acontecimento era ter nos braços o peso aconchegante de meu filho. Mas numa das ruas do nosso trajeto ele forçou o pescocinho em direção a algo que já havia ficado pra trás, segurando meu ritmo distraído, e eu descobri, estirado no chão, um homem imundo. Segui andando no contrapeso da força que meu filho fazia para seguir olhando, fiel à sua pura surpresa, mas eu já não era a mesma.

Enquanto meu filho olhava outros transeuntes com a mesma curiosidade, eu resgatava da memória inexistente a imagem daquele homem que eu não tinha visto. Adivinhei a pele grossa, as unhas pretas, cada um dos trapos que o cobriam. Adivinhei o cheiro. E me surpreendi com a facilidade que havia passado ao largo daquele vulto amontoado na calçada, e com a minha própria surpresa diante da curiosidade inusitada de meu filho. Inusitada?

A limpidez de seu olhar que tudo apreende não podia incluir o significado daquele homem do chão. Talvez o mero olhar tenha parecido uma demora extra na figura tacitamente proibida, me levando então a especulações possivelmente absurdas de que meu filho tenha realmente considerado o que viu do alto do meu colo e de seus 8 meses algo deslocado, equivocado. Ou talvez ele já seja tocado por qualquer humanidade, e somente alguém assim e cuja única compreensão esteja ainda na própria visão pode verdadeiramente dar o status de absurdo ao absurdo. E ali o manter.

Não sei.

Segui andando com meu filho no colo.

sexta-feira, 10 de dezembro de 2010

Aventuras de Benja e Lula - EDITADO!

...engatinhando!!!


Pra quem não acompanhou, Lula é o tucano roxo na mãozinha do Benja, de onde dificilmente sai.

E essa movimentação toda começou ONTEM!


* Participação especial do cachorrinho insistente do clube do brinquedo.

quarta-feira, 8 de dezembro de 2010

A primeira paixão

Quando nos demos conta, já havia se configurado a paixão. Um tucano de pano. Que nos apressamos em chamar de Lula. Pequenininho. Roxo, com o bico em arco-íris, crista vermelha, rabo colorido. Rabo? Tucanos têm rabo? O Lula tem.

Benjamín passa o dia todo agarrado ao tucano. O dia todo. Às vezes tem dificuldade em fazer outras coisas por estar sempre com uma das mãozinhas ocupadas. Seu companheirinho Lula está lá nas tentativas de engatinhar, na hora de comer, nos passeios. Uma hora agarrado pelas patinhas, outra pelo bico, às vezes pelo rabo colorido. Já entrou no banho algumas vezes. E quando se molha, fica secando enquanto Benjamín dorme.

E Lula estava ali, secando em cima da mesa, solitário. Seu olhar parecia até triste de saudades. Eu olhava praquela pequena coisa colorida adivinhando a mãozinha vazia de meu filho, e meu coração apertava até ficar do tamanho de Lula. Me descobri, aí, também apaixonada. Muito admirada da beleza que meu filho emprestara ao bicho de pano por tê-lo escolhido.

segunda-feira, 6 de dezembro de 2010

As melhores coisas do mundo


Quando o filme começou, encontrei pronta minha pior e mais fácil armadilha: as críticas estavam já engatilhadas e prontas pra serem atiradas no que parecia se compor como um filme adolescente, no sentido mais pejorativo do termo. Mas o que pra um olhar viciado pudesse parecer banal foi se mostrando estratégia: o simples tinha um contexto, e era só o início da história. Uma história adolescente, no sentido mais belo do termo.

Quando me dei conta, estava já enredada na trama das minhas próprias críticas, embolada nas confusões da minha própria adolescência, pega pelo que parecia fácil e se revelava isca pra minha mais recôndita juventude. Que era quem, deliciada, assistia agora ao filme.

E a delícia do jovem enredo me dava as mãos ao me apresentar toda a complexidade do tempo em que precisamos, afinal, começar a nos reconhecer, e em que se anuncia, primeiro como duríssima carga, o primeiro lampejo de que cada um se deve como único a si mesmo e ao mundo. Assim, ressoava no debater-se de Mano aquele que eu considerava, equivocada, resolvido em mim. Porque é só através daquela mesma angústia, agora atualizada, que eu podia me perguntar se as minhas escolhas haviam dado à adolescente que fui as devidas reverências, e se aquele lampejo havia se feito chamado para que, caso sim, eu o pudesse atender.

Na atualização daquela angústia se atualizava também, mas vinda de outro tempo, a angústia adolescente de meu filho; frente a frente, ambas se acompanhavam e assim se transmutavam de angústia em beleza. Uma beleza que dói porque se sabe temporal; epifânica, suspendia o mundo deixando à luz somente gestos adolescentes de ambos os lados de um espelho: refletidos, meu 15 anos se miravam nos 15 anos de Benjamín, gestando-se do outro lado, numa dança ao som de Something que saía do próprio espelho. Um espelho chamado Laís Bodanzky.

Na lista das melhores coisas do mundo está assistir As melhores coisas do mundo na noite de um domingo de dezembro, embalada pelo silêncio de um bebê que dorme no quarto ao lado enquanto preparamos seu futuro, ele em sonho, eu em sonho e lembrança, nós em sonho, lembrança e amor.


Imagem daqui.

quinta-feira, 2 de dezembro de 2010

Agradecimento (ou das delícias de se ter um blog)

Flávia,

Um dia você me disse assim num comentário:

“pode ter certeza que o leite e prosa, daqui um tempo, te traerá lembranças maravilhosas, é uma delícia reler sobre as tantas formas desse "tanto amar". prometo!”

Promessa cumprida. A começar pelo seu presente de aniversário ao Astronauta, que incluiu da maneira mais bela quem quisesse se achegar em desejo, e que eu vi um monte de vezes e mostrei pra quem passasse por aqui, me emocionando em cada uma delas. Obrigada, obrigada, obrigada por aquele calorzinho que a gente sente quando vê uma coisa tão bonita que faz tudo se encaixar, e sem conseguir conter, deixa escapar juntos sorriso e lágrima.

Daí, agradeço a existência deste mesmo leite e prosa, que tem sido ponte pra um monte de cantos do mundo e inclusive pra cá dentro. Sim, Flávia, o tempo da escrita proporciona lembranças maravilhosas e às vezes chega mesmo a ser a primeira manifestação de que algo se recordará.

E como canto que se canta junto, o escrever desse incrível montão de mães se une em coro, dando, com a voz de uma, mais dizer à voz de cada outra. Sem falar nas mães que a blogosfera aproximou tanto que até parecem amigas de outros tempos... ou no amparo sutil que me acolheu ontem durante a primeira grande febre do Benjamín, quando palavras me chegavam pássaras vindas das mães que também já arderam suas mãos na testa do filho. Ou ainda na voz que se faz minha enquanto inauguro a lembrança, transformando-a no dizer que em seguida se despede dizendo: até mais, Natalia, até o futuro, quando eu, saudosa, vier me visitar, ou quando Benjamín se voltar pra cá à procura de seus primeiros dias...

terça-feira, 30 de novembro de 2010

O não e o não e o amigo secreto

O não e o não

Porque dentro de três letras tão corriqueiras, cabe o infinito. Não: o infinito cabe fora delas; dentro fica o que, feito muro, o não limita. E muro pode ser pra impedir, pra cercar, proteger; separar desconhecido do conhecido; pra contornar, delimitar. Às vezes é o muro que define onde a casa começa. A casa começa no não.

E o não se bifurca, possibilidades do impossível: quando o mundo se inicia naquele infinito, o não aparece de dois jeitos.

O primeiro: não, porque o mundo pode te machucar. Não pode colocar o dedo na tomada. Não pode atravessar a rua sem olhar. Não pode pular do trocador. Anunciando a impotência antes que ela se faça dor.

O segundo: não, porque você pode machucar o mundo. Não pode quebrar a coleção de CDs do papai. Não pode rasgar as anotações da mamãe. Não pode arremessar a louça. Anunciando a potência pra que ela se reconheça.

É no não que se começa a poder. É no não que se percebe pela primeira vez a própria força.


(Mais uma vez, Guto, obrigada.)

***

Benjamín agradece em notas musicais o lindo presente do amiguinho secreto Gabriel, do Eu e ele!

Benja e seu novo instrumento musical, com a mais que querida Le.

terça-feira, 23 de novembro de 2010

Paul, Benja; Benja, Paul!


Benjamín,

Há alguns já muitos anos, quando a mamãe era ainda uma menina, ela descobriu um CD na casa do vô Tuta e da vó Clá, onde ela morava. Naquela época, o vô Tuta e a vó Clá viviam numa mesma casa porque ainda não tinham escolhido viver suas vidas cada um do seu jeito, e as pessoas estavam começando a escutar CDs, que são umas rodelas brilhantes que vêm numa capa de plástico e que a gente coloca num aparelho específico pra escutar música. Aqui na sala da nossa casa tem um monte de CDs, mas quando você estiver maior eu não sei se eles ainda vão existir ou se você vai se lembrar deles, mesmo adorando, hoje em dia, morder aquelas coloridas capas de plástico. Mas como a mamãe ia dizendo, ainda menina ela descobriu um CD que foi o primeiro encantamento musical da sua vida. Past Masters volume II, era o nome dele, e a mamãe deitava no sofá ao lado do único toca CDs da casa e ouvia, ouvia, ouvia deliciada, uma vez, outra vez, e outra, até adormecer. Aquelas músicas eram tão perfeitas que a mamãe se surpreendeu quando descobriu que havia outros discos dos mesmos caras, e tão incríveis quanto. Os discos vieram antes dos CDs, Benja, e quando você for maior, esses sim você só deve encontrar em museu. Mas escutando disco, ou CD ou até arquivo a mamãe se surpreendeu com eles ainda um monte de vezes ao longo das suas épocas, e continuou surpresa quando percebeu que eles tinham mesmo músicas pra todo tipo de momento da vida de uma pessoa, como uma bíblia musical espalhada no tempo através de acordes musicais, ritmo e palavras. Bíblia, Benja, no sentido de algo que contém significados muito importantes e que podem eternamente se revelar, esconder e renovar (como aquele livro que a mamãe abraçou ao acabar de ler chamado Grande Sertão: Veredas). Então a juventude toda da mamãe foi marcada por diferentes músicas daqueles quatro caras, e sempre que ela escuta algumas delas, se emociona e às vezes até chora de saudade. Porque a mamãe tem hoje 29 anos, Benja, mas uma nostalgia de quem tivesse 83. E também porque sabe que aquelas músicas foram importantes pra muita gente que veio antes dela, como o vô Tuta, a vó Clá e todos os amigos que eles tinham antes. E sabe que é cada vez mais difícil as coisas durarem, principalmente a ponto de atravessar gerações, e quando isso acontece, existe a chance da coisa ser muito, muito boa.
Hoje a mamãe passou o dia todo muito cansada, você deve ter percebido, mas foi por um motivo que valeu a pena. É que ontem ela dormiu tarde e muito alegre. Ontem, ela teve o privilégio de escutar um daqueles quatro caras tocando e cantando na frente dela (mesmo que pequenininho, lá longe), e ela gritou, cantou, dançou, pulou e se emocionou um montão. E enquanto a mamãe nascia, crescia e ia se emocionando com as músicas daqueles quatro, o tempo passava praquele ali de ontem também, e então ali no palco quem estava era já um senhor. Sir Paul. Pros outros três o tempo também passou; pra dois deles o tempo passou tanto que terminou e eles morreram. Isso acontece com todo mundo um dia, meu Benja, e talvez seja por isso que muita gente tentava filmar ou fotografar aquele senhor cantando ao invés de simplesmente curtir ele ali, porque é muito difícil, filho, aceitar que a vida são só esses instantes que acabam, irrecuperáveis e irreprodutíveis, como que anunciando diariamente a morte futura de cada um. E é nesses instantezinhos que a gente tem a oportunidade de dobrar o tempo e se encontrar com outros destinos que a gente sonhava noutros dias, como na música que sir Paul cantava praquele mar de gente, que cantava e pulava junto, quando a mamãe, também cantando e pulando, voltou pro sofá ao lado do toca CDs onde ela descobriu, anos antes, aquela mesma melodia, e reviu através de um arrepio cada momento que separava o sofá que não existe mais do pulo que ela pulava agora. E a mamãe achou um barato, do lado dela, cantando de cor todas as músicas, uns meninos com pouco mais que a idade dela quando descobriu aquele CD, e imaginou que barato maior ainda pros ainda mais velhos que viam a mamãe, os meninos e toda aquela gente cantando de cor as músicas que trilharam a juventude deles. Como eu disse, Benja, pra uma coisa durar assim e atravessar gerações, modas e tecnologias, alguma coisa de muito especial ela tem. E tinha ainda lá ontem à noite, mesmo a mamãe não conseguindo evitar de pensar que difícil deve ser a vida do Sir Paul, que em nome da juventude de todo aquele mar de gente teve que ficar aprisionado na sua própria. Mas isso não é problema, Benja, porque in the end the love you take is equal to the love you make… E aí a mamãe entende duas coisas: o amor que se recebe é igual, como numa equação, ao que se faz; e o amor que se recebe é, ele mesmo, o que se dá.
Tá vendo, meu Benjamín, meu amor?

segunda-feira, 22 de novembro de 2010

Como?

Cortando a unhazinha minúscula do Benjamín – nunca se viu nada tão pequeno no universo, e a relatividade se reafirma com o tamanho comparativamente gigante do cortador – desponta um filete de sangue acompanhado de choro agudo doído. E minha maior surpresa, neste momento, é não encontrar em mim dor física que justifique tal pranto.

Como?

Como?, eu me pergunto a cada choro de dor, a dor dele não dói em mim?

Porque a dor que dói em mim é outra: acontece no peito, em aperto, pela dor que eu sei que ele sente; e pela dor que eu sei que ele sente não ter me escolhido, ali, como quem dói.

Ser outra que não ele.

E ele, desde já, desde antes, quando se iniciou, ter se iniciado como aquele que tem que doer sozinho.

(Será essa a forma inaugural da eterna culpa da mãe?)

Por mais que eu beije, e chore, e abrace, e doa.

terça-feira, 16 de novembro de 2010

A eternidade desdentada

Estávamos os três no parque uma tarde dessas quando a luz que chegava até nós, toda enzebrada das plantas que atravessava, iluminou não só o que acontecia ali, mas também outros tempos.

Era uma tarde fria, e os sorrisos agasalhados do Benjamín, sentadinho no chão, rodeado de árvores, me trouxeram abrupta uma sensação que mesclava conforto e desconforto. O primeiro, por vê-lo ali, perto de nós, todos os três brincando juntos, numa alegria que só poderia mesmo acontecer à tarde. E o segundo, um desconforto almofadado, dor que aconchega: uma saudade de outros tempos. Porque seu sorriso banguela me arremessou numa foto desdentada pendurada há anos no porta-retrato; meu próprio sorriso de bebê era quem sorria o mesmo sorriso do meu filho, tão potente na sua singeleza que abre até os portais do tempo.

Naquele instante, eu não me via apenas mãe de Benjamín; eu me devia aquele momento à criança que fui, cruzando gerações e inventando eternidades. Ele continuava sorrindo, trazendo momento a momento o que fui no feliz que sua boca anunciava.

E, continuando a sorrir, singelamente trazia, também, seu adulto futuro. Trazia no aberto da boca o sorriso de seu filho, meu neto, através do olhar que também o olhará sorrindo, sorrindo. E assim nos encontraríamos todos, os que somos, os que fomos e os que seremos, no repetir-se dum sorriso de criança, capaz de condensar tempos num sempre eterno agora.

Eu chorava sem acordes na tarde fria, sem lágrimas, atônita diante da disposição generosa daquele milagre, e sorria ainda o mesmo sorriso de 29 anos atrás. Que se repetirá quando eu for novamente desdentada, exibindo nas gengivas banguelas todos os sorrisos de uma vida.

***

(Devo a percepção deste milagre ao tempo de agora, fins de ano, que sempre me põem num molhado de viver, e a outro adorável intruso que, anunciado ali, se trouxe também pra cá.)

quinta-feira, 11 de novembro de 2010

Cada coisa em seu (novo) lugar

Roupa do Benjamín no chão, no exato lugar onde caiu ao despencar do trocador;
Ralf (panterinha azul) atrás do berço, no exato lugar onde pousou após arremesso benjaminiano;
Almofadas espalhadas pelo chão da sala, ad eternum;
Espremedor de fruta em cima da pia, forever;
Leite e seus derivados digestivos salpicados pelo chão em geral;
Celular dentro da bolsa do Benjamín, dentro do quarto dele, com ele dormindo (que ninguém resolva telefonar nas próximas horas);
Fraldinhas, brinquedinhos, casaquinhos, inhosinhos escondidos em cada fresta possível do quarto de mamãe e papai;
Letras coloridas aleatoriamente localizadas no recinto em cuja porta se anuncia: B-N-J-A-N;
Papinha dentro do nariz do lindo rebento.

E o caos, mamãe, está só começando.
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